27.6.11

La lectora V (primera parte)

La lectora (que desde ahora podríamos llamar "Lale") se encontró en un punto coyuntural de su existencia.
Como ya sabemos, Lale admira profundamente a su escritor (que desde ahora podríamos llamar Sues. O mejor Suez, como el canal).
Como veníamos diciendo, Lale admira tanto a Suez, que sería capaz de cualquier cosa con tal de que él la mirara y le prestara algo de atención. Lale, en primera instancia, se conformaba con que Suez supiera que existía (pero no esa existencia que desaparece en la ausencia, sino aquella que permanece en el pensamiento del otro). En segunda instancia, Lale ya no se conformaba. No señor, quería existencia y presencia, de aquí a la Eternidad.


23.6.11

La lectora IV - Leyendo a Mairal

La lectora estuvo leyendo a Pedro Mairal. Deslizó por debajo de la puerta de la redacción una nota que decía:

Me gustaría que leyeras esto
La lectora

22.6.11

La lectora III - Leyendo a Oliverio

Como si jugara al Literati, pero sin tener que ir a buscar ningún libro, el azar le llevó a la lectora las palabras clave que estaba necesitando, que esperaba leer:
"Se me hizo evidente que yo era un incompetente de la seducción... A la vez, si alguien de nosotros podía volverse competente en esa materia prehistórica y gutural, el indicado era yo... Quizás fuera un hombre destinado a los enseres sensuales y no hubiera tenido oportunidad de saberlo y cebarme en el oficio. Traté de atajar el pensamiento y me convencí de que una victoria de cualquier índole sería gradual. El atropello, la insumisión, la impaciencia, actuarían como potencias contraproducentes que dejarían campo libre a mis dos colegas todavía dormidos."
Cerró Los invertebrables un momento y meditó: ¿ella no sería como ese personaje tullido, cuyas experiencias acerca de la vida se restringían a lo que la Enciclopedia le informaba? Probablemente. Y más probablemente fuera como ese personaje que, además de tullido, creía que podía reemplazar todas sus carencias con su capacidad para dominar las palabras.
Dos cosas tenía claras: no debía apresurarse, porque la concreción de sus deseos dependía del trabajo lento y riguroso, y cualquier paso en falso le daría el lugar a esa/s otra/s que acechaban; la confianza en el éxito era consustancial a éste.
Dos cosas le preocupaban: ¿sus "colegas" estarían dormidas o, por el contrario, más despiertas que nunca? y ¿cómo hacer, en tal caso, para anularlas?

21.6.11

La lectora II

Ya que él ni siquiera sabía que existía su lectora, esa que lo admiraba y casi lo idolatraba, ella decidió que debía hacer algo para cambiar esta situación. "Tomar la iniciativa", le había dicho su analista. No estaba muy segura, pero comenzó a diseñar estrategias que no fueran invasivas: llamarlo por teléfono y cortar indiscriminadamente le pareció que lindaba con lo psicópata. "Encontrarse por casualidad a la salida del trabajo" lo desestimó por elemental: las heroínas de su escritor eran osadas y creativas a la hora de la seducción, así que siguió pensando.
Pensaba, pero no podía demorarse: el tiempo era fundamental. Cada día que ella dilataba sus decisiones, más lejos estaba de alcanzarlo. Sabía que mientra ella se mantenía en el anonimato, él estaba cada vez más cerca de otra, de otras, que tenían nombres que sonaban con fuerza, a los gritos y jadeos.

7.6.11

La lectora I

Había leído todos sus libros. Cada cuento, cada entrevista, cada anécdota y, en particular, cada ensayo. Buscaba en sus textos un mensaje encriptado, una cifra de lo que ella quería leer.
Trató de encontrar su nombre en la primera letra de cada oración en cada nueva obra que él publicaba; intentaba formar anagramas en los que le declarara su amor por ella. A veces se sentía menos pretenciosa y se descubría aludida al ver nombrado en los escritos su color preferido. Otras veces se encontraba pesimista y pensaba que ella no era parte de su mundo, y se retiraba al desconsuelo.
Necesitaba una señal clara, una nota de puño y letra que, si no era mucho pedir, estuviera sellada con sangre. Una invitación formal al Italpark o al cinematógrafo o a cualquier otro lugar de esos que él nombraba en sus historias.